sábado, 26 de junio de 2010

MATERNIDAD=¿FEMINEIDAD?

Nunca fui una mujer maternal, los niños no me inspiraban ninguna ternura y creo que no hay nada que me crispe más los nervios que el llanto de un infante. La maternidad no era una prioridad para mi, siempre pensé que si no tenía hijos igual me sentiría satisfecha con mi vida.

A pesar de lo anterior debo decir que mi embarazo fue uno de los momentos más felices de mi existencia y que el hecho de ser madre cambió mi perspectiva del mundo radicalmente – y afortunadamente- para bien. Camila (así se llama mi hija) me ha hecho una mejor persona y me ha mostrado un lado de mi que nunca imaginé que tendría, me ha hecho tolerante, compasiva, y hasta soy capaz de jugar con niños y reirme, ¡el llanto si me sigue poniendo los pelos de punta! Sí, reconozco que la maternidad ha sido un gran aprendizaje y una experiencia afortunada (aunque difícil) pero no soy de esas mujeres que se sienten superiores a las otras por el sólo hecho de ser madres, ni tampoco pienso que haya que darle “una medallita” ni a mi, ni a las muchas excelentes madres que conozco por “elegir” la maternidad y ejercerla con amor. Porque para mí ser madre es una elección, no una obligación.

No se es más mujer por decidir tener hijos, ni se es menos femenina por elegir no tenerlos. Lástima que muchas veces ésta también sea una de las “barajitas” de las que hablé en otro post, y se convierta en algo que hay que hacer “porque si”, “porque es la esencia de ser mujer”, o la que me parece la peor de las razones que he escuchado de por qué “se debe” tener hijos: para que se hagan cargo de ti en la vejez, que idea más egoista, ¡condenar a un ser a hacerse cargo de uno aún antes de nacer!

Creo que el instinto maternal que se asocia a la feminidad no tiene que expresarse necesariamente a través de la gestación, ¿o acaso las religiosas son menos mujeres por no concebir?, ¿o lo son las que no pueden tenerlos?, ¿o las que no quieren?

Ser madre es desprendimiento, es dejar el egoismo, es querer el bien del otro. Y ese rol podemos ejercerlo desde diversos ámbitos.

viernes, 16 de abril de 2010

EL ÁLBUM DE BARAJITAS


De niña me encantaban los álbumes, recuerdo el de Amor es…, Sarah Kay, Barbie… Creo que para muchas personas (mujeres especialmente) la vida es una especie de álbum que hay que llenar, necesitan completar todas las barajitas para sentirse satisfechas. Así tenemos la barajita del matrimonio; la que se casó y se divorció, a lo mejor se vuelve a casar porque le faltaba la barajita de casarse por la iglesia (la barajita de vestido de novia es una de las más ansiadas), y si no seguro le faltaba la de matrimonio feliz o la de maternidad.
No critico que cada quien tenga sueños que quiera cumplir, lo que no entiendo es cuando “llenar el álbum” se convierte en una obsesión, cuando se deja de disfrutar el momento presente por pensar en “esa barajita que nunca me sale” y peor todavía cuando para llenar el álbum se compran barajitas en el mercado negro o se roban de otros álbumes, todo para estar dentro de los cánones establecidos, ¿establecidos por quién digo yo? ¿Acaso no es cada individuo quien debería determinar lo que quiere para su vida? Lamentablemente muchas personas están más cerca del reino vegetal, nacen, crecen, dan frutos y se mueren, así sin más, sin cuestionarse por un momento si eso es lo que realmente quieren o si por el contrario existirán otras cosas que me hagan más feliz aún cuando a la mayoría no les parezca.
Hasta cuando el estigma de “si no te casas te quedaste” ¿te quedaste en dónde me pregunto yo? O de que hay que tener hijos para que te cuiden en la vejez, ¡por favor los hijos no se tienen para eso! Contraten una enfermera en todo caso.
Propongo que “llenar el álbum” sea un placer, así como lo fue en mi niñez, destapar cada sobrecito con emoción y no decepcionarse porque no salió la barajita que me faltaba…siempre podré destapar otro sobre o quizás alguien la tendrá repetida y estará dispuesto a cambiarla.

sábado, 10 de abril de 2010

LA VOCECITA FRÍGIDA

No cabe duda que en los últimos 50 años las mujeres han alcanzado igualdad de derechos en muchos aspectos (por lo menos en el mundo occidental), hoy día hacemos cosas que nuestras madres y mucho menos abuelas jamás habrían soñado con hacer. Pero aún, vestigios de represión quedan dentro de nosotras mismas y las luchas interiores son las más difíciles de librar.
En lo concerniente a la expresión de nuestra sexualidad todavía a muchas nos cuesta aceptar que sexo y amor no van necesariamente de la mano, y nos inventamos mil excusas para no sentirnos culpables por disfrutar del sexo con alguien que no es nuestro “príncipe azul”. Una vez conversaba con una amiga y ella me contaba que había terminado con su novio y que se acostaba con él eventualmente, pero que se sentía mal al respecto porque no estaba interesada en él como pareja pero si disfrutaba del sexo con él, yo le respondo que si le gusta acostarse con él que lo siga haciendo, cual es el problema…
-Es que no me gusta que me busque sólo por sexo, además mientras lo siga viendo no me voy a permitir conocer a otro…es como si quisieras un carro nuevo pero tienes el viejo estacionado en el garaje.
-hermana… ¿tú sabes lo difícil que es conseguir un carro nuevo en este país? ¿Vas a salir del “carro” que tienes pa’ andar en carrito por puesto? Cuando tengas el carro nuevo en tu garaje vendes este…
Yo sé lo que te pasa…tu oyes una voz en tu cabeza que te dice “no te valooooraas” “ese hombre te está usaaaanndoo” “eres una putaaaa”
-siiii, ¡si la oigo! ¡Cómo hago para que se calle!
-¡mijaaa! ¡Mandá a mamar a esa vocecita frígida y seguí acostándote con quien te plazca!
Cierro la historia con una frase de Woody Allen que cae de perlas, “El amor es la respuesta, pero mientras aguardas por la respuesta el sexo plantea algunas buenas preguntas.”

martes, 23 de marzo de 2010

¿CUAIMA YO?... ¡JAMÁS!

Celosa
Una idiota
Aburrida
Insegura
Manipuladora
Aguafiestas

Seguramente con este artículo me ganaré el odio de muchas pero quiero expresar mi total repudio a esa clase de mujeres que se vanaglorian de ser unas “cuaimas”, ¿cómo pueden sentirse orgullosas de hacerle la vida miserable a otro ser humano? Y peor que eso, ellas mismas dejar de tener una vida plena y satisfactoria por dedicar tooooodas sus energías a perseguir y fiscalizar a un hombre. No, no, no, definitivamente las cuaimas sólo me inspiran lástima. Me imagino la cara roja de furia de alguna de ellas leyendo estas líneas y seguramente dirá para vengarse “pero tengo un hombre a mi lado y tú no”, y a ¿qué precio?, ¿acaso vale la pena estar con alguien en quien no confías y pasarse la vida espiándolo a ver qué mentira le agarras? No, gracias…
La cuaima está convencida de que “su hombre” es un objeto de su propiedad y por eso se siente con el derecho de invadir cada resquicio de su vida privada, ¡después se queja de que él sea infiel! ¿Y quién no? ¿Quién no va a querer escapar de semejante prisión? Y aquí llegamos al llegadero… mucho peor que una cuaima es el hombre que la soporta. Debe ser mucho más idiota que ella como para tolerar sus manipulaciones y muy inmaduro para necesitar que una “mamá” lo vigile y le diga que hacer. Bueno, allá ellos…
Lo que la pobre cuaima nunca conocerá es el exquisito placer de saber que un hombre está a su lado por la única razón de “porque le da la gana”, que aunque tiene la libertad -cómo me gusta esta palabra- de estar con quien quiera “eligió” estar contigo. Si alguna vez experimentas esto amiga cuamilla vas a dejar de preguntarle “¿papi tú me quieres?” porque ya conocerás la respuesta…

jueves, 18 de marzo de 2010

HOMBRES, HOMBRES, HOMBRES…


Para nadie es un secreto que el tema favorito de las reuniones femeninas son los hombres; contarnos nuestros ires y venires, venturas y desventuras con el sexo masculino es una especie de terapia grupal que nos sirve de desahogo y disfrute. Producto de las muchas conversaciones sostenidas al respecto me animé a escribir sobre el tema en una suerte de “Carrie Bradshaw” que intenta poner en perspectiva la dinámica de las relaciones actuales entre hombres y mujeres.
Y para empezar… la pregunta de las 50 mil lochas “¿dónde están los hombres?”, hay un viejo dicho que dice que los hombres son como los teléfonos públicos: la mitad están ocupados y la otra mitad no sirve… pero, ¿qué tan cierta es ésta aseveración?, bueno en el caso de los teléfonos hace rato largo que no veo un teléfono público en funcionamiento, creo que han sido sustituidos por los “pegaitos”…¿cuál es la alternativa con los hombres entonces? Porque a pesar de que los índices demográficos digan que supuestamente en Venezuela hay casi el mismo número de hombres y mujeres, la realidad nos muestra lo contrario. Basta darse una vueltica por cualquier sitio nocturno, café, restaurant, etc. Para ver sopotocientas mujeres de todos los tipos y para todos los gustos; en contraposición a un número mucho menor de hombres, los cuales o son gay o tienen aspecto de chofer de valle frío (sin ofender a los choferes de valle frío, pero estarán de acuerdo conmigo en que el atractivo físico no será una de sus virtudes) y los poquísimos que parezcan heterosexuales y medianamente atractivos…como diría una amiga mía “¡con su chayota al lao!”
Es cuando ese mujerero comienza a darle vueltas al tema en cuestión y a preguntarse qué hacen las que tienen pareja, de donde lo sacaron, porque la gente se sigue casando –vayan a apartar una fecha en cualquier iglesia de la ciudad a ver pa’ cuando se las van a dar- pero seamos sinceras con nosotras mismas… ¿es eso lo que en verdad queremos? ¿No será más bien que el problema no es que no hay hombres, sino que no hay hombres como nosotras los queremos? Y yo me pregunto entonces y me imagino que muchos hombres se preguntarán lo mismo (al menos los inteligentes) ¿Cómo es el hombre que queremos las mujeres que estamos solas, y más aún para qué lo queremos? No necesitamos que nos pague las cuentas (en otro artículo hablaré de “las chulas” especímenes que han dañado la reputación de todas las mujeres en general), no necesitamos que nos invite a salir, salimos solas cuando nos apetece, ni siquiera para que realice las tareas propiamente masculinas como cambiarnos un caucho o reparar algo en la casa porque para eso tenemos un ex marido o un hermano o un amigo que nos colabora…uhmmm ¡nos queda el sexo! Pero no creo que queramos a un hombre sólo para satisfacer nuestras necesidades básicas – ehhh, bueno en algunos casos si-
Lo que me gustaría descubrir y para ello pido sus valiosas opiniones es ¿qué buscamos en una relación? Y si es verdad que eso que buscamos es tan difícil de conseguir en los hombres que nos rodean porque si ese es el caso habrá que replantearse la búsqueda…o seguir como el reggaetón “Soltera…por ahora”